Nunca es tarde para perseguir los sueños — y Sam Kaplan, de 72 años, es la prueba viviente. Recientemente, Sam se graduó con orgullo en Cine y Artes de los Medios en Georgia Gwinnett College. Lo que hizo este día aún más memorable fue compartirlo con su madre de 99 años, que no podía ocultar el orgullo al ver a su hijo cruzar el escenario.

El camino hacia la graduación no fue fácil. Después de terminar la secundaria en 1969, Sam dejó los estudios para dedicarse a trabajar. Durante décadas desempeñó muchos oficios: dirigió un servicio de limpieza, administró una empresa de telemarketing, trabajó en atención al cliente de un mayorista de electrónica e incluso condujo coches para pagar las cuentas.

Un día, mientras conducía, escuchó en la radio que una universidad ofrecía un grado en escritura de guiones. Esa idea despertó algo en él. Poco después, ya estaba inscrito en Georgia Gwinnett College para el semestre de otoño.

Al principio, adaptarse a la vida universitaria no fue sencillo — sobre todo siendo mucho mayor que sus compañeros. Pero en lugar de desanimarse, Sam lo convirtió en una ventaja. Se dedicó a hablar con estudiantes y profesores, preguntarles por sus metas y ofrecer palabras de ánimo.

Con perseverancia y determinación, Sam siguió adelante año tras año hasta conseguir su título. Su historia se ha convertido en una inspiración, demostrando que la edad no es una barrera para aprender, crecer o perseguir una pasión.

Cuando Sam se graduó, diploma en mano y su madre orgullosa entre el público, su historia recordó a todos que nunca es demasiado tarde para aprender, crecer y alcanzar los sueños.