Su cabello siempre había sido su sello distintivo: largo, grueso y cayendo mucho más allá de sus hombros. Lo definía, y todos asumían que nunca se separaría de él.
Sin embargo, un día tomó silenciosamente una decisión — una que mantuvo para sí mismo.
Entró en una barbería y pidió un cambio drástico. No un simple recorte. No capas. Solo un corte completo.
El barbero dudó por un momento. «¿Estás seguro?» preguntó. Él simplemente asintió, listo para la transformación.
Cuando los primeros mechones cayeron al suelo, todo parecía irreal. Años de crecimiento desaparecieron en minutos. Con cada pasada de la máquina, parecía convertirse en alguien completamente diferente.
Al terminar el corte, apenas se reconocía. Sus rasgos estaban más marcados, sus ojos más brillantes, y toda su presencia transformada.
Al salir, las reacciones fueron inmediatas. Algunos lo miraban incrédulos; otros no lo reconocían. Sin embargo, él se sentía renovado — más ligero, más claro, libre — por primera vez en años.
