Si hay algo que puedes esperar de un coro formado por niños de 3 años, es que absolutamente cualquier cosa puede pasar.

Puede que los profesores pasen semanas preparando cada canción y ensayando cada pequeño movimiento, pero en cuanto esos pequeños artistas suben al escenario, el guion suele desaparecer por completo. Y eso es precisamente lo que hace que estos conciertos sean inolvidables.

Cuando empieza la música, algunos niños cantan con orgullo a todo pulmón. Otros apenas mueven los labios, mientras que unos cuantos parecen completamente distraídos por todo lo que ocurre a su alrededor. Un pequeño artista puede descubrir de repente a mamá o papá entre el público y saludar con entusiasmo. Otro puede quedarse fascinado con un cordón desatado o decidir que es el momento perfecto para sentarse y descansar un rato.

Y luego siempre está ese niño valiente que se roba todo el espectáculo.

Ya sea inventando nuevos pasos de baile, dando vueltas en círculos en lugar de seguir la coreografía o interpretando la canción a su manera, su espontaneidad siempre consigue provocar carcajadas en todo el auditorio.

El público no puede evitar sonreír, porque estos momentos tan especiales son imposibles de ensayar. Son auténticos, espontáneos y maravillosamente reales: recuerdos que los padres conservarán para siempre, mucho después de que suene la última nota.

Esa es la verdadera magia de las actuaciones preescolares.

No se trata de armonías perfectas ni de coreografías impecables.

Se trata de celebrar la infancia en su estado más puro: una etapa en la que la confianza surge de forma natural, la imaginación no tiene límites y cada niño se siente como la estrella del espectáculo.

Mira la entrañable actuación a continuación y descubre por qué este divertido concierto de coro está haciendo sonreír a todos los que lo ven. A veces, las actuaciones más inolvidables son precisamente las que no salen según lo planeado.