El perro, gravemente desnutrido, pasaba sus días atado a un árbol en Alabama, muchas veces sin suficiente comida ni agua. Su estado era desgarrador: sufría de gusanos, sarna y una pérdida extrema de peso. Cuando finalmente fue rescatado, pesaba menos de 18 kilos.
Por suerte, organizaciones de rescate animal conocieron la situación de Tom y le dieron una segunda oportunidad. Fue trasladado a un centro de adopción canina en Minnesota, donde alguien especial lo notó inmediatamente entre todos los demás perros.

Mientras los otros ladraban y saltaban buscando atención, Tom permanecía en silencio.
Su futuro dueño contó más tarde que la presencia tranquila y dulce de Tom le llamó la atención al instante. Después de todo lo que había sufrido, seguía siendo un perro amable y confiado.
Llevarlo a casa fue algo muy emotivo. Al principio, Tom dudaba frente a la puerta, inseguro de su nuevo entorno. Después de años de crueldad y aislamiento, incluso subir las escaleras le daba miedo. Pero poco a poco, paso a paso, empezó a darse cuenta de que finalmente estaba a salvo.

Un examen veterinario reveló aún más dificultades: un diente roto y la necesidad de un tratamiento contra el gusano del corazón. Aun así, la historia de Tom apenas comenzaba a cambiar para mejor.
Con los cuidados adecuados, paciencia y mucho amor, Tom se transformó por completo. Recuperó peso, volvió a tener fuerzas y floreció hasta convertirse en un perro sano y feliz de unos 32 kilos.
Hoy, Tom ya no es el perro olvidado que vivía encadenado a un árbol.

Ahora es un querido miembro de una familia, rodeado de cariño, comodidad y el amor que siempre mereció.